<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-4739208920051964668</id><updated>2011-07-08T01:31:31.665-07:00</updated><category term='division'/><category term='guerra'/><category term='1ra'/><category term='panzer'/><category term='guderian'/><category term='panzertruppen'/><title type='text'>Politica Exterior</title><subtitle type='html'>Sitio dedicado a la Politica, Economia, Derechos Humanos y Medio Ambiente</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pexterior.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Historia Militar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06755234108461435591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>4</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4739208920051964668.post-5799593328427829790</id><published>2009-11-08T14:50:00.002-08:00</published><updated>2009-11-08T14:53:15.283-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='guderian'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='division'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='guerra'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='panzer'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='panzertruppen'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='1ra'/><title type='text'>1º Division Panzer</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-family: arial;"&gt;1º Division Panzer&lt;br /&gt;HISTORIA&lt;br /&gt;Las primeras divisiones Panzer (blindadas) son establecidas en Alemania en 1935, despues de que Hitler repudia el Tratado de Versalles e inicia una masiva expansion de la Wehrmacht. La 1º Division Panzer es conformada en Weimar a partir de elementos de la 3º Kavallerie-Division (3º Division de Caballeria) y es puesta bajo el mando del General der Kavallerie Maximilian von Weichs, la 1º Division Panzer, conocida inicialmente como la 1º Brigada Panzer, incluye el 1º Regimiento Panzer con base en Erfurt y el 2º Regimiento Panzer con base en Eisenach. Se asignan a la division otras unidades como la 1º Brigada Schutzen (una unidad de infanteria motorizada con dos batallones de infanteria y uno de motociclistas), la 4º Compañia de&lt;br /&gt; Reconocimiento, 37º Regimiento de Artilleria y 37º Compañia de Comunicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada batallon Panzer incluye cuatro compañias ligeras, cada compañia cuenta con un peloton de mando (equipado con cinco tanques - un PzKpfw II y cuatro PxKpfw I) y tres compañias mas con estructura similar. A principios de 1938 asume el mando de la division el General Rudolf Schmidt.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4739208920051964668-5799593328427829790?l=pexterior.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pexterior.blogspot.com/feeds/5799593328427829790/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/11/1-division-panzer.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/5799593328427829790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/5799593328427829790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/11/1-division-panzer.html' title='1º Division Panzer'/><author><name>Historia Militar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06755234108461435591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4739208920051964668.post-7719860295158937621</id><published>2009-09-18T20:10:00.000-07:00</published><updated>2009-09-18T20:26:18.368-07:00</updated><title type='text'>Bolivia mira al Futuro con Retrovisor</title><content type='html'>&lt;div&gt;BOLIVIA MIRA AL FUTURO CON EL RETROVISOR&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Carlos Mesa Gisbert &lt;/div&gt;&lt;div&gt;La elección de un indígena aymara como presidente de Bolivia fue una cuestión de justicia histórica. La visión de un porvenir diferente se antojó posible, pero el proyecto constitucional de Evo Morales hace tambalearse los fundamentos democráticos de la República. En enero de 2006, a pocos días de su toma de posesión, Evo Morales encandiló a Europa con su jersey a rayas. El presidente electo de Bolivia se paseó por varias capitales rompiendo protocolos con una imagen que sedujo a todos. Después de tres años y medio de Gobierno y en los umbrales de un nuevo proceso electoral, viste sofisticadas chaquetas con motivos indígenas y camisas con bordados de reminiscencia prehispánica. El primer presidente indígena de Bolivia es, qué duda cabe, una figura continental y, con jersey o con chaqueta, todavía fascina a una parte significativa de la comunidad internacional. Todas las encuestas de preferencia de voto para las próximas elecciones presidenciales, de diciembre de 2009, le otorgan entre el 42% y el 48%, frente a un esmirriado 11%-15% de su primer oponente. Aunque la campaña no ha comenzado aún y es evidente que las cifras cambiarán, acortándose las distancias, es difícil encontrar a un solo boliviano que no crea que Morales será reelegido para un segundo mandato consecutivo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El último presidente que logró la reelección consecutiva, hace ya 45 años, Víctor Paz Estenssoro, fue Estandartes del indigenismo: el presidente boliviano, Evo Morales, y el ecuatoriano,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Rafael Correa, en una fiesta popular. derrocado a los tres meses de su posesión. No parece que éste vaya a ser el caso, pero no es un dato desdeñable en un Estado políticamente volátil. ¿Pero qué hay detrás de la imagen del boliviano más mediático de la historia? Morales marca un antes y un después en el destino del país, pues su figura cierra la página del largo y doloroso camino a la inclusión de algo más de la mitad de los habitantes, que tienen origen indígena, quienes sufrieron hasta 1952 condiciones de semiesclavitud simplemente inenarrables. Pero contra lo que se cree con frecuencia, su presidencia marcó la culminación de un camino histórico, no su comienzo. Baste recordar que el presidente Andrés Santa Cruz Calahumana (1829-1839), uno de los padres de la nación, era hijo de una cacica aymara. La Revolución de 1952, protagonizada precisamente por Paz Estenssoro en el primero de su cuatro gobiernos, llevó adelante tres medidas cruciales para los indígenas quechuas y aymaras: el voto universal, la reforma agraria que les devolvió la tierra que les había sido expoliada sobre todo entre 1880 y 1920, y un código educativo que universalizó la educación primaria y extendió la educación al área rural del país. En 1993, el primer Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada (quizá la figura más execrada de la política boliviana de hoy) realizó la segunda generación de medidas a favor de la inclusión. Reconoció mediante una reforma parcial de la Constitución que Bolivia es un país pluricultural y multilingüe. Creó más de trescientos municipios con jurisdicción territorial, que cubrieron la totalidad del país, con autonomía, elección directa de alcaldes y presupuesto propio, otorgado por el presupuesto nacional de manera automática de acuerdo a su densidad demográfica, lo que permitió la existencia de municipios indígenas (más de cien) y mancomunidades de municipios&lt;/div&gt;&lt;div&gt;indígenas. Aprobó la ley de educación intercultural y bilingüe que está en plena vigencia y modificó la reforma agraria de 1953, reconociendo las tierras de comunidad en el altiplano, imponiendo impuestos a los latifundios de las tierras bajas, estableciendo la función económica y social de la tierra y otorgando a los pueblos del Amazonas y del Chaco tierras comunitarias de origen en extensiones que varían entre 5.000 y 500.000 hectáreas, según el caso. En las elecciones de 2002, en las que Morales obtuvo el segundo lugar, el Parlamento integraba ya a más de un 30% de representación indígena.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando en 2003, tras la grave crisis política y el trágico saldo de casi setenta muertos que obligó a la renuncia de Sánchez de Lozada tras un año y algo más de su segunda y dramática Administración, logramos desde el Gobierno una nueva reforma parcial de la Constitución que incluyó la Asamblea Constituyente, el Referendo y la apertura para participar en elecciones a agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas, propusimos un Estado de autonomías y la elección directa de prefectos (gobernadores) en los nueve departamentos que tiene el país.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La nueva Constitución establece categorías ciudadanas, lo que contradice la Declaración universal de los Derechos Humanos, que dice que todos nacemos iguales&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿POR QUÉ MORALES?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nacido en un humilde y remoto pueblo aymara cercano a la frontera con Chile, Morales logró casi el 54% de los votos en las elecciones de 2005 porque, reciclado de dirigente sindical de las regiones de producción de coca ilegal a campeón de las reivindicaciones indígenas, devino en símbolo de una parte esencial del país. Pero, además, llegó en el momento justo, con el discurso adecuado. Desde 2003, Bolivia estaba ávida de cambios y cansada de lo que hasta ese momento había sido una democracia (reconquistada en 1982) controlada por tres partidos tradicionales. Sus votantes se identificaron casi carnalmente con él, por razón de piel, frustrados por un proceso agotado y miope para comprender las demandas sociales y, sobre todo, porque, a pesar de los importantes esfuerzos de varios gobiernos por resolver brechas profundas, los niveles de pobreza y los indicadores sociales básicos seguían siendo los peores de Suramérica. Es inútil decir que, en un cuarto de siglo, Bolivia redujo más de veinte puntos su porcentaje de pobreza y mejoró temas de saneamiento básico y salud. Las demandas y la realidad no pueden cubrirse con cifras macroeconómicas positivas o con modestos avances sociales. La desigualdad entre ricos y pobres sigue siendo una de las más altas del hemisferio. Morales fue por eso coronado, un día antes de su investidura oficial, en Tiahuanacu, el centro prehispánico y preincaico más importante de Bolivia, arropado por la esperanza de millones de indígenas que por fin se miraban en el espejo del poder conquistado por uno de ellos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El nuevo presidente llegó con todos los astros alineados, la más alta votación de los últimos cuarenta años, el apoyo pleno y embelesado de la comunidad internacional, la mayor bonanza económica del país en un siglo (si no más) gracias a precios internacionales de materias primas que rompieron todos los récords imaginables y, por encima de todo, una legitimidad que le permitía saldar una deuda histórica no sólo de modo simbólico, sino realmente. No lo hizo. En el momento crucial de definir la ruta de su Gobierno optó por un “nosotros” equivocado. Desde el primer día su “nosotros” era el del presidente de los indígenas, no el del presidente de los bolivianos. Una posición comprensible al principio se volvió recurrente a lo largo de su gestión. El mandatario, en vez de tender manos y proponer la construcción común de la nación entre indígenas, mestizos y blancos, prefirió cavar trincheras.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;SU GOBIERNO, SU PROYECTO&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero si algo está claro hoy es que, más allá de sus discursos interminables, la repetición de dos o tres ideas recurrentes y su estilo agresivo y adjetivado que lo llevó a la expulsión del embajador de Estados Unidos, a tensiones con Brasil, a una casi ruptura de relaciones con Perú y a un alineamiento militante con Hugo Chávez, Descontentos: protestas contra las políticas de Evo Morales frente a la sede de la organización de Estados americanos en Washington. Morales y el Movimiento al Socialismo (MAS) tienen un proyecto muy profundo de transformación y de cambio en el que se mezclan demasiados ingredientes que pueden estallar en las manos del gobernante, en las de sus partidarios y en las de todos los bolivianos. Largo sería contar los tristes avatares de la Asamblea Constituyente elegida e instalada en 2006, que en un año y tres meses de trabajo ¡no discutió ni aprobó un solo artículo del proyecto constitucional! Baste decir que terminó en medio de las balas, con un saldo de tres muertos y 150 heridos, con los oficialistas reunidos en un cuartel en las afueras de Sucre, la capital de Bolivia. Aprobada en detalle en Oruro, corregida y “adaptada” en un curioso e ilegal acuerdo del Congreso, fue aprobada en referéndum en 2009 por el 62% de los bolivianos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El proyecto-país, expresado inequívocamente en la nueva Carta Magna de Morales (la decimosexta desde 1826), es la destrucción de la República como forma de gobierno y como propuesta histórico-conceptual traducida en la tradición republicana, que se basa no sólo en la separación de poderes y el equilibrio y contrapeso de éstos, sino en la idea central de igualdad apoyada en la ciudadanía. Tradición que después de Estados Unidos y Francia tuvo su mayor apogeo en la concepción independentista de las naciones hispanoamericanas a principios del siglo XIX. A cambio, Bolivia se ha convertido en un Estado plurinacional, cuyo eje son 36 naciones indígenas. La mayor, en un país de 10 millones de habitantes, la quechua, con dos millones y medio de personas, y la menor, la pakawara, con un total de 25 habitantes. La nueva Constitución consagra todos los derechos alcanzados por los indígenas antes de 2006, al hacerlos explícitos (pues ya estaban reconocidos en la Constitución derogada) con un capítulo dedicado&lt;/div&gt;&lt;div&gt;a las naciones indígenas (el 4°) y la mención de éstas en sus 411 artículos más de un centenar de veces.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La Carta Magna establece una categorización ciudadana que rompe la esencia del artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según el cual todos los seres humanos nacemos iguales. El texto establece categorías ciudadanas diferenciadas por origen, lengua y color de piel. Sólo reconoce como naciones con el denominativo de “indígena originario campesino” (art. 3) a aquellas establecidas antes de “la invasión colonial española” (art. 30). El 47,7% de la población, no indígena, recibe el calificativo de “comunidades interculturales” (art. 3), estableciendo que, fuera del ámbito estrictamente urbano, los no indígenas están limitados en el ejercicio de algunos de los derechos que la propia Constitución reconoce,&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La respuesta al proyecto de hegemonía ‘masista’ debe ser el republicanismo democrático, la inclusión, el Estado moderno, particularmente en lo referido al tema de recursos naturales. Es clave en estecontexto la idea de que las naciones precoloniales, además de su dominio ancestral&lt;/div&gt;&lt;div&gt;sobre sus territorios, tienen derecho a la “libre determinación, autonomía y autogobierno” (art. 2) y, lo más importante, tienen derecho a la “gestión territorial indígena autónoma y al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos renovables existentes en su territorio” (art. 30, 17). Para ocupar cualquier cargo público es obligatorio hablar castellano y una lengua nativa (el 67% de los bolivianos es monolingüe). Paradójicamente, el presidente Morales sólo habla castellano (de ahí una disposición transitoria por la que no se aplicará tal obligación hasta la siguiente&lt;/div&gt;&lt;div&gt;elección, después de diciembre). El texto incluye una innovación sin precedentes al reconocer en igualdad la justicia indígena, basada en usos y costumbres (no escrita y referida a 36 culturas diferentes), con el mismo rango que la justicia republicana (art. 179), con la diferencia de que la indígena es inapelable y de única instancia. No está claro aún cuál será el ámbito de jurisdicción de ambos sistemas. Establece también que las máximas autoridades del poder judicial (Tribunal Constitucional y Corte Suprema) se eligen por voto directo y deben tener obligatoriamente un porcentaje de representación indígena. Destruye la idea de irretroactividad de la ley, marcando la posibilidad, por ejemplo en delitos de corrupción, de juzgar un hecho de hoy con una ley aprobada dentro de un año.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La construcción de un Estado de autonomías, que dio lugar al equívoco internacional de que cuatro de los nueve departamentos buscaban separarse de Bolivia, enfrentó al país, dado que Morales se opuso a las autonomías cuando fueron votadas. Hoy las apoya tras la evidencia de que la tendencia mayoritaria es seguir el camino de las cuatro que la aprobaron en referéndum. Pero para curarse en salud debilita el poder de los gobiernos departamentales. La Constitución reconoce cinco niveles autonómicos: departamental, regional, provincial, municipal e indígena. Este último, aplicable en municipios, mancomunidades municipales o en tierras comunitarias de origen. Esta superposición geográfica, jurídica y política puede llevar a una colisión muy arriesgada y compleja en el momento de su aplicación. En esa misma línea, reconoce como “símbolos del Estado”, por tanto en iguales condiciones, dos banderas (art. 6): la tricolor –rojo, amarillo y verde–, creada el 17 de agosto de 1825, 11 días después de la declaración de independencia, y la wiphala, bandera multicolor que representa exclusivamente a quechuas y aymaras. De ese modo, el símbolo de una parcialidad (dos de las 36 naciones indígenas) cobra rango de símbolo de todos, lo que vendría a ser comparable, por ejemplo, a que la bandera del País Vasco fuera reconocida como símbolo del Reino de España en igualdad de condiciones que la&lt;/div&gt;&lt;div&gt;bandera nacional española, lo que –como ocurre ahora en Bolivia– haría obligatorio en Andalucía que se izaran los dos pabellones, el español y el del País Vasco, por no mencionar el caso único de un Estado con dos banderas. Dada la preeminencia de la cultura aymara y la influencia histórica de este pueblo que fue conquistado –antes de la llegada de los españoles– de manera violenta por el imperio incaico, está claro que el Gobierno de Morales busca una hegemonía aymara en la totalidad descentralizado y de autonomías del territorio boliviano, absorbiendo al quechua que, en realidad, es parte de una mayoría aymara quechuizada por el sistema de aculturación impuesto por los incas y reafirmado por la Corona española. Aymaras y quechuas representan el 90,6% de la población indígena, las otras 34 naciones son apenas el 9,4%. Ambos pueblos, aymara y quechua, son el 48,3% de los bolivianos. La política del Gobierno es la de migraciones de comunidades andinas planificadas a corto plazo hacia el Norte, Este y Sur (regiones amazónica y chaqueña, que ocupan el 67% del total del territorio de Bolivia), continuando un proceso que comenzó con la Revolución de 1952 pero que Morales acelera de manera consciente. Éste es el elemento verdaderamente nuclear de lo que representa este proyecto histórico. A él se suma una política económica estatista, de economía planificada y de grandes restricciones a la inversión privada, sobre la ideaendógena de desarrollo en un país con mínimo ahorro interno y bajísima presión tributaria.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La desastrosa política de hidrocarburos (Bolivia tiene importantes reservas de gas natural) de los últimos tres años casi ha sacado al país del juego energético regional. Ya no es un centro estratégico de distribución de gas. La congelación de las inversiones, la alta corrupción en la empresa estatal de petróleo (su anteriorpresidente y número dos del MAS está preso, acusado de haber recibido un sobornode casi medio millón de dólares por un contrato), la pseudonacionalización –que no tocó a una sola de las empresas transnacionales instaladas en Bolivia, pero que generó serias dudas sobre la seguridad jurídica del país– hicieron inviable hasta hoy un gigantesco contrato de exportación a Argentina. Perú está en plena construcción de una planta de transformación para exportar su gas al Pacífico, Brasil ha encontrado gigantescas reservas de este producto, Chile importa su gas de otras fuentes y, por si fuera poco, el principal aliado de Morales, Venezuela, desarrolla un megaproyecto de abastecimiento al Cono Sur. El referéndum sobre hidrocarburos (2004) y la nueva ley (2005), realizados antes de la llegada de Morales al Gobierno, el decreto de incremento de impuestos en 2006 y los espectaculares precios internacionales triplicaron las exportaciones de Bolivia y multiplicaron por cinco las reservas internacionales, garantizando un crecimiento medio del 4,5% del PIB y un superávit en los últimos tres años. A pesar de la caída de precios, el Ejecutivo aún tiene un margen de juego de crecimiento moderado en 2009 y 2010, pero su mayor problema es la negligencia, la falta de capacidad de gestión y de ejecución presupuestaria. En suma, la combinación ideológica es la de un Estado con preeminencia indígena en su concepción y estructura, estatista a ultranza y fuertemente centralista en medio de la paradoja de un ensayo de construcción autonómica. No es otra cosa que la búsqueda de una utopía que quiere construirse mirando al futuro con el espejo&lt;/div&gt;&lt;div&gt;retrovisor. Pero la fuerza simbólica de Morales es todavía muy grande, más que suficiente para&lt;/div&gt;&lt;div&gt;apuntalar una muy probable victoria en diciembre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;¿Y LA OPOSICIÓN?&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Expropiación: la nacionalización de los hidrocarburos ha sido uno de los caballos de batalla de Evo Morales desde que asumió el poder. La oposición jugó casi siempre a favor de este proyecto en una sociedad sometida a tensiones extremadamente grandes. A pesar de que Morales tardó tres años en imponer su proyecto de Constitución, por la acción de entrabamiento permanente de los opositores, el mayor problema de quienes se enfrentaron al Gobierno fue la incomprensión de lo que éste representaba. Más allá de cualquier consideración, Bolivia vive un momento de cambios profundos; el pasado no volverá y quienes se anclaron en la idea de recuperarlo para seguir con sus privilegios, como parte de élites que medraron sistemáticamente del Estado y de núcleos de poder con rasgos inequívocos de corrupción, tomaron un camino suicida.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La respuesta al proyecto de hegemonía masista debiera ser la de preservar el republicanismo democrático, pero sobre la premisa inexcusable del cambio que contempla la inclusión y el respeto a la otredad, junto a un Estado moderno, descentralizado y de autonomías. Santa Cruz, la región más poderosa del país y con fuerte gravitación de contrapeso a La Paz (donde se encuentra la sede del Gobierno boliviano) y al escenario andino, tuvo un liderazgo que careció de visión nacional, que buscó exclusivamente salvar su propio proyecto y el de la región. La demanda autonómica, que obtuvo gran legitimidad en varias regiones, pecaba de un ideario conservador y fragmentario. Como si en Brasil las élites paulistas apostaran por resolver y liderar los temas de São Paulo y no a jugar el rol que por peso natural le toca a escala nacional. Las acciones e iniciativas de Morales han dejado a la oposición anonadada. La derecha es incapaz de entender de qué va la cosa, y los sectores progresistas y adscritos a la necesidad de grandes transformaciones hasta ahora no ofrecen la posibilidad de arrebatarle al presidente, desde la democracia, la bandera del cambio. Porque no se puede olvidar que Morales avasalló a la Asamblea Constituyente y al Poder Judicial, y controló por las buenas o las malas el Legislativo, vulnerando elementos esenciales del funcionamiento democrático. Pero la oposición desde las regiones y desde el principal partido contrario al MAS, Podemos, del ex presidente Jorge Quiroga, intentó desestabilizar con modos no democráticos al Ejecutivo. Fue una acción inaceptable desde los puntos de vista ético y práctico. Pretendieron derrotar en su terreno al campeón de los bloqueos de carreteras, paros nacionales y cercos de ciudades. Una oposición desquiciada, que entre septiembre y octubre de 2008 tomó violentamente instituciones del Estado, impidió al presidente aterrizar en varios aeropuertos del país e incendió pequeños conductos de gas. El resultado fue una derrota en toda regla, aunque el saldo para el país fue una cincuentena de muertos, producto de la acción opositora y de la represión gubernamental.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El gran objetivo de la oposición para el próximo diciembre es lograr un candidato de unidad capaz de enfrentarse al presidente. Morales está apoyado por un voto emocional y de consigna en gran parte del área rural, y con un respaldo superior al 65% en el área urbana de la zona andina. Difícil desafío, que en un primer momento abre una baraja con más de una docena de precandidatos, cuyo único elemento en común es oponerse a Morales. Con un discurso como ese no parece que se apunte alto, aunque el Gobierno ha polarizado al país de tal manera que al menos un 30% votaría por cualquier candidato que sacara cabeza con alguna opción frente al oficialismo. Pero parece muy difícil combinar los elementos indispensables para salvar al país de un camino hacia el autoritarismo. Debería ser una candidatura para la coyuntura, basada en la hipótesis de lograr un segundo lugar que bloquee los dostercios de Morales en la nueva Asamblea Legislativa; pero lo más importante es reconstruir un sistema de partidos devastado, sin el que es imposible hablar de democracia. Una democracia que celebre la inclusión y destierre el racismo increíblemente exacerbado en los últimos cuatro años, pero que a la vez devuelva el sentido de unidad que hoy está en cuestión, no por el riesgo de división, sino por las&lt;/div&gt;&lt;div&gt;profundas heridas, resentimientos y prejuicios entre campo y ciudad, entre indígenas y no indígenas y entre Occidente y Oriente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;MORALES NO ES MANDELA&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El error histórico de Morales es que no quiso ser Mandela, porque no entendió la tarea que le tocaba o porque, fiel a su lógica de dirigente sindical cocalero (el incremento exponencial de cultivos de coca y de producción de cocaína se ha convertido en un serio problema y puede erosionar las relaciones exteriores del Gobierno), creyó que la única manera de lograr el cambio era con la derrota total y definitiva del enemigo. Uno de los muchos peligros de ese razonamiento es meter en la bolsa de los adversarios a quienes son parte de una comunidad que en 2006 creyó que el presidente los representaba y que hoy sienten que los excluye. Afirmarse negando y suponer que por negar lo negado desaparece es, simplemente, una ilusión. La historia, le guste o no a Evo Morales, tuvo un periodo prehispánico, colonial y republicano, y es de ella en su totalidad, de su brazo indígena y de su brazo occidental, de la que son hijos los 10 millones de bolivianos, no de sus retazos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4739208920051964668-7719860295158937621?l=pexterior.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pexterior.blogspot.com/feeds/7719860295158937621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/09/bolivia-mira-al-futuro-con-retrovisor.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/7719860295158937621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/7719860295158937621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/09/bolivia-mira-al-futuro-con-retrovisor.html' title='Bolivia mira al Futuro con Retrovisor'/><author><name>Historia Militar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06755234108461435591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4739208920051964668.post-213179170100135821</id><published>2009-08-22T17:11:00.000-07:00</published><updated>2009-09-18T20:10:00.060-07:00</updated><title type='text'>La Gran Reaccion de 1979</title><content type='html'>LA GRAN REACCIÓN DE 1979&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué tienen en común el ayatolá Jomeini, Margaret Thatcher, el papa Juan Pablo II y Deng Xiaoping? Si queremos entender la explosión de religión politizada, globalización postcomunista y economía liberal que ha caracterizado nuestra era moderna, olvidémonos de 1968. Incluso de1989. La fecha más importante de todas es 1979. Aquel año comenzó un extraordinario capítulo en los asuntos internacionales –y la historia intelectual–, obra del grupo más extraño de autores que pueda imaginarse. Fue en 1979 cuando el ayatolá Jomeini se hizo con el poder en Irán y demostró definitivamente que “revolución islámica” no era una contradicción. La Unión Soviética tomó la fatídica decisión de invadir las zonas más pobres de Afganistán, con lo que desencadenó otro tipo distinto de levantamiento islámico que puso los primeros esclavos en el ataúd del imperio comunista. La primera ministra Margaret Thatcher encabezó un renacimiento conservador en Gran Bretaña que no sólo cambió las reglas de la política en Occidente, sino que inspiró la era posterior de globalización orientada hacia el mercado. La primera peregrinación del Papa Juan Pablo II a su patria, Polonia, en el verano de 1979, envalentonó a los pueblos amantes de la libertad de Europa Central y del Este, e inició la cadena de acontecimientos que culminaría en las revoluciones no violentas de 1989. Y a lo largo de todo el año, un estoico e impensable visionario llamado Deng Xiaoping tomó discretamente las primeras medidas destinadas a preparar a la China comunista para su larga marcha hacia la era de los mercados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Thatcher no parece tener nada en común con el ayatolá ni con Deng, y mucho menos con el Papa. Pero hay algo que une a todas estas personas aparentemente tandistintas. Todas ellas se propusieron trastocar, cada una a su manera, el espíritu que definía su época, el orden progresista, laico y materialista que, hasta entonces, había dominado el panorama político de la postguerra del siglo XX. Sus movimientos no fueron sólo políticos, sino rearmes morales que rechazaban con pasión lo que consideraban la decadencia, el malestar, el estancamiento y la asfixia derivados de los esfuerzos de los tecnócratas por acelerar el paso de la humanidad hacia el fin de la historia. En ese sentido, los trascendentales sucesos de 1979 estuvieron unidos por el impulso de la contrarrevolución, ya fuera contra el comunismo soviético, la socialdemocracia, el autoritarismo modernizador o el maoísmo descontrolado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los contrarrevolucionarios de 1979 atacaron la que había sido la convicción más profunda de la época: la fe en una visión progresista de un orden político alcanzable, que sería perfectamente racional, igualitario y justo. La caída de los imperios europeos tras la Primera Guerra Mundial y la Revolución rusa, la Gran Depresión y el triunfo de la burocracia y la planificación durante la Segunda Guerra Mundial ayudaron a dar impulso a esa visión; la descolonización de la postguerra y la rápida extensión de los regímenes marxistas en todo el mundo la amplificó. Sin embargo, en los 70, había empezado a surgir la desilusión y una sensación creciente, en muchos países, de que unas élites despiadadas (y en algunos casos violentas) habían intentado imponer una visión falsa y mecanicista en sus países y habían aplastado las sensibilidades, creencias y libertades tradicionales. Como consecuencia de la revuelta de los últimos 70, hoy vivimos en un mundo caracterizado por unos valores no utópicos, sino pragmáticos y tradicionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;FUERZAS RETRÓGRADAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA&lt;br /&gt;En su momento, el éxito de estas contrarrevoluciones no estaba claro, ni mucho menos. Muy pocos observadores captaron sus repercusiones en 1979. Y quienes lo hicieron muchas veces las condenaron como fuerzas retrógradas de destrucción masiva. Los hombres del sha Reza Pahlevi acusaron a Jomeini de tratar de dar marcha atrás al reloj, y los enemigos de Deng acusaron al líder chino de ser un “compañero de viaje del capitalismo”. Para los soviéticos, los muyahidines afganos eran representantes del “viejo orden feudal”, y el Papa, una fuerza del “neocolonialismo”. Pero eran etiquetas que los acusados, en general, llevaban con ecuanimidad. En la campaña electoral de abril de 1979, Thatcher dijo con orgullo en un mitin del Partido Conservador que sus rivales la habían llamado “reaccionaria”. “Bueno”, declaró, “¡es que hay mucho contra lo que reaccionar!”. Y lo había. Como quizá vuelve a haberlo, porque, 30 años más tarde, las transformaciones de 1979 se han convertido en órdenes establecidos decadentes, cuyos excesos tal vez inspiren nuevos movimientos reaccionarios y nuevas contrarrevoluciones. Imaginemos el aspecto que tenía el mundo el 1 de enero de 1979.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El marxismo soviético parecía cualquier cosa menos frágil. El régimen de Moscú, que había prescindido por completo de Dios, la libertad individual y la espontaneidad de los mercados, seguía adelante impulsado por los elevadísimos precios del petróleo. Los analistas de la CIA consideraban que Rusia era una potencia económica, además de militar, y el equipo de seguridad nacional del presidente estadounidense Jimmy Carter se inquietaba ante los avances soviéticos en los países en vías de desarrollo. Desde Vietnam hasta Nicaragua, las fichas de dominó iban cayendo. Si alguien hubiera asegurado que la poderosa URSS iba a desaparecer calladamente del escenario mundial unos años después, en gran parte debido al daño que le habían hecho una rebelión de inspiración religiosa en Afganistán y un Papa polaco, habrían dicho de él que estaba loco. (Unos años antes, un disidente soviético llamado Andrei Amalrik había escrito un libro que predecía la caída inminente de la URSS, en el que hablaba, en concreto, del “extremo aislamiento en el que el régimen se ha situado y ha situado a la sociedad”, y alegaba que esa desconexión de la realidad haría que su caída fuera “más rápida y decisiva” cuando llegaran los tiempos&lt;br /&gt;difíciles. Las pocas personas que se enteraron de su existencia dijeron que era un chiflado). En comparación, la versión china del comunismo parecía debilitada. La fiebre maoísta de la Revolución Cultural estaba declinando, pero los traumas que había dejado como herencia eran profundos, y el anuncio de Deng, en diciembre de 1978, de que la política del Gobierno iba a regirse a partir de ese momento por el principio de “buscar la verdad a partir de los hechos” les pareció a muchos quijotesco. Ningún país comunista había conseguido reformarse por sí solo. En los 50, los torpes intentos de desestalinización del líder soviético Nikita Jruschov habían fracasado; y la verdad es que también habían fracasado otros intentos similares en China.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Deng era diferente. Durante mucho tiempo un acólito de Mao, Deng, que se había ido apartando gradualmente del utópico anhelo delGran Timonel por la revolución permanente, era&lt;br /&gt;un superviviente político forjado en la batalla. Había sido expulsado en dos ocasiones de la&lt;br /&gt;dirección del Partido Comunista Chino, pero llevó a cabo su regreso definitivo en 1977, tras la&lt;br /&gt;muerte de Mao y la detención de la Banda de los Cuatro. Su llamamiento a una nueva era de&lt;br /&gt;pragmatismo y resolución de problemas despertó claramente ecos emocionales entre las&lt;br /&gt;muchedumbres entusiastas que acogieron la noticia de su rehabilitación en Pekín. En tres ensayos publicados en 1975 –y denunciados por los maoístas como las “tres hierbas venenosas”–, Deng había asumido posturas abiertamente conservadoras en todo tipo de temas, desde el arte hasta la economía. Aunque se esforzó por justificar su trabajo como una defensa de la auténtica revolución, sus partidarios comprendieron a la perfección lo que quería decir: un regreso a la tradición, el sentido común y la eficacia. Lo cual equivalía a rechazar de forma radical todo lo que había propulsado Mao desde 1949. China era un país que, entre otras catástrofes, había presenciado varias hambrunas orquestadas por el Estado a lo largo de los años. Por eso, los primeros campesinos que decidieron adoptar un uso privado de la tierra en 1978 hicieron todo lo posible para mantenerlo en secreto, por miedo a las represalias. Pero en 1979, para su&lt;br /&gt;sorpresa, Deng no sólo aprobó su experimento, sino que lo autorizó a escala nacional. También asumió la idea de establecer zonas económicas especiales en el país, en las que los inversores extranjeros pudieran construir fábricas operadas por trabajadores con salarios bajos, y aprobó la iniciativa de adquirir tecnología y conocimientos de Occidente, otro vuelco espectacular respecto al dogma de Mao. De modo que había cierta lógica en que Estados Unidos, que sufría una estanflación y se resentía de la derrota en Vietnam, decidiera aprovechar las aperturas anteriores del presidente Nixon hacia Pekín como forma de controlar el expansionismo soviético. Los dos países restablecieron relaciones diplomáticas a principios de 1979. La genialidad de Deng, según se vio después, fue empezar poco a poco y discretamente, de forma que Occidente no prestó gran atención a la verdadera dimensión de su ofensiva contra el maoísmo. Cuando el líder chino fue a EE UU, el corresponsal de The Washington Post se limitó a menear la cabeza ante “el&lt;br /&gt;entusiasmo de las empresas estadounidenses con la vista puesta en el mercado chino, un entusiasmo que hasta los mayores promotores del comercio en China consideran excesivo”. Nadie se habría atrevido a predecir que el PIB chino iba a multiplicarse por 10 en menos de una generación. Desde luego, los países de Occidente habían seguido una trayectoria más moderada que China desde la Segunda Guerra Mundial. Pero también ellos estaban ampliando sin cesar el papel del Gobierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las palabras clave eran bienestar, regulación y racionalidad. El consenso socialdemócrata en Europa estaba encarnado en el Estado niñera introducido por el Partido Laborista en Gran Bretaña en 1945, con su seguro nacional de salud y sus generosos planes de pensiones, la estrecha colaboración entre los sindicatos y el Gobierno y la propiedad estatal de ciertas industrias fundamentales. Los mercados eran algo que había que domesticar y controlar para que no se desmandaran. Thatcher quiso dar la vuelta a todo eso, y lo consiguió. Pero nadie habría podido preverlo cuando comenzó su mandato como primera ministra. Su programa electoral&lt;br /&gt;de 1979 es un monumento a la vaguedad, y en su primer Gobierno estaba rodeada de conservadores moderados. Pocos podían saber que se convertiría en la figura definitoria de la política británica de postguerra, al romper con la visión de los 30 años anteriores. Al cabo de un tiempo, estaría recortando impuestos, vendiendo las joyas estatales de la economía a inversores privados y ganando el pulso con los poderosos sindicatos. Como en el caso de Deng, muchos comentaristas no sabían qué pensar de sus ambiciones. Cuando se cumplía su primer año en el cargo, el periodista británico Hugh Stephenson escribió: “Su retórica es radical, incluso temeraria. Pero, desde el principio, sus actos han mostrado una cautela política instintiva”. Tenía razón, pero ni él ni otros observadores supieron captar la intensidad del sentimiento que había detrás de esa retórica, la profunda convicción de Thatcher de que Gran Bretaña necesitaba desesperadamente una renovación no sólo económica, sino moral. Se vio con más claridad durante su brutal batalla con el sindicato de mineros del carbón y su adopción, nada táctica, de la privatización (una palabra antes poco usada y que adoptó como grito de batalla su ideólogo principal, Keith Joseph). El atractivo de la contrarrevolución de Thatcher se hizo aún más visible cuando Ronald Reagan, que estaba haciendo campaña contra la presidencia de Jimmy Carter el año en el que fue elegida Thatcher, obtuvo su propia victoria en 1980, armado con una pasión similar por sustituir la Gran Sociedad con un “amanecer en América”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque EE UU nunca llegó a tener el consenso sobre economía mixta que prevalecía en Gran Bretaña, el país, antes de 1979, era muy diferente al de hoy. El símbolo eran las empresas gigantescas y sin rostro. El ordenador personal estaba en su infancia (Bill Gates trasladó su empresa recién nacida, Microsoft, a su ciudad natal, Seattle, el 1 de enero de 1979), y la tecnología de la época promovía la uniformidad y el anonimato. Cuando el republicano Richard Nixon decretó el control de precios y salarios en 1971, la medida se acogió como un reconocimiento comprensible de la ortodoxia imperante. Bastantes pensadores, entre ellos el enormemente influyente John Kenneth Galbraith, se atrevieron a imaginar la convergencia del capitalismo occidental y el socialismo soviético en un futuro sin determinar. Al fin y al cabo, ¿no&lt;br /&gt;dependían los dos de las élites burocráticas y de la sabiduría de los planificadores? Eran unas concepciones seductoras y que penetraron asimismo en las ideas sobre los países en vías de desarrollo. La economía del desarrollo, propagada por el Banco Mundial y el FMI, prescribía grandes proyectos de infraestructuras, como presas hidroeléctricas, supervisados por grandes burocracias. No siempre estaba claro en qué se diferenciaba eso de los proyectos de ayuda soviéticos con los que rivalizaba. Hasta qué punto estaba arraigada la idea se vio claramente en Irán y en Afganistán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sha era un anticomunista recalcitrante, pero las bases principales de su esfuerzo para llevar a su sociedad a la modernidad del siglo XX se parecían de forma asombrosa a lo que el Partido Demócrata Popular de Afganistán había empezado a poner en práctica después de hacerse con el poder en el golpe de Estado de 1978: reforma agraria, campañas de alfabetización, secularización y derechos de las mujeres. Es significativo que el sha llamase a su programa de modernización la “Revolución blanca”. No es extraño, pues, que los expertos que trataban de interpretar los acontecimientos de Irán se equivocaran tanto. Era hacer caso omiso de siglos de revoluciones que tendían a estar contra los clérigos. Como dice la historiadora de la religión Karen Armstrong en su libro The Battle for God, nada menos que Hannah Arendt había dicho que “lo que llamamos revolución es precisamente la fase de transición que da a luz un nuevo reino laico”. Incluso la revolución burguesa de Estados Unidos había establecido el principio de la separación de Iglesia y Estado, mientras que las versiones más radicales de Francia y Rusia habían aspirado a hacer desaparecer la religión por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Jomeini también recurría a esta tradición intelectual, al adoptar las ideas radicales, aunque no la antirreligiosidad, de los revolucionarios del mundo musulmán. Durante decenios, unas poderosas ideas laicas –el panarabismo, el baazismo, el marxismo revolucionario– habían dominado la política de Oriente Medio, y los intelectuales de la región habían incorporado su retórica utópica. Los primeros islamistas aprendieron mucho de esas ideologías, al mismo tiempo que las criticaban por su abyecta incapacidad de vencer el desafío de Israel y el neocolonialismo&lt;br /&gt;occidental. Uno de los grandes progenitores de la revolución islámica fue Ali Shariati, un intelectual iraní que quiso mezclar las ideas izquierdistas de revolución con el anhelo fundamentalista del regreso a la visión original de igualdad social y justicia del Profeta. Desde luego, los periodistas que se reunían en Neauphlele-Château, a las afueras de París, para ver a Jomeini en el exilio, no sabían a qué atenerse con él. Se suponía que los revolucionarios modernos eran cerebros marxistas, seguidores de Lenin o de Mao, o jóvenes y exuberantes melenudos a medio educar, como los radicales que habían salido a la calle en París, Chicago y Frankfurt 10 años antes. Aquel taciturno jurista chií, con sus párpados caídos y sus largas túnicas negras, no encajaba en la imagen. Sin embargo, se había convertido en el líder de facto del variado movimiento de oposición en Irán. Algunos observadores incluso comparaban al ayatolá con Gandhi. ¿Por qué no? Ambos eran hombres creyentes que intentaban cambiar el mundo, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los testimonios más destacados de la revolución iraní de 1979 es el de Desmond Harney, un ex diplomático británico que habla farsi y que en aquella época sabía más de Irán que cualquier otro occidental. Aun así, como se lamenta en su diario, le asombró que Jomeini y sus mulás obtuvieran la victoria; estaba convencido de que la fuerza decisiva iba a ser el Frente Nacional, de izquierdas. “¡Es extraño pensar que el destino de este país ha cambiado gracias a un frágil, anciano y vengativo sacerdote sentado en una villa a las afueras de París, donde le rinde&lt;br /&gt;pleitesía la mitad del mundo iraní!”. Harney no había tenido suficientemente en cuenta los traumas que el programa de modernización del sha había causado en una sociedad profundamente tradicional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El extraordinario intento de Jomeini de trasplantar una teocracia islámica al cuerpo de una nación-Estado moderna representó el apogeo de unas tendencias que llevaban años fraguándose en el mundo musulmán; 1979 fue el año en el que se convirtieron en realidad. En Arabia Saudí, un grupo de islamistas armados se apoderó de la Gran Mezquita de la Meca y la retuvieron durante dos semanas hasta que fueron reprimidos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan ha envejecido, y sus seguidores están intelectualmente secos y políticamente marginados de manera sangrienta. En todo el mundo salieron a las calles muchedumbres de musulmanes, que culpaban de ese sacrilegio a los estadounidenses; aunque nada comparable con la reacción que estaba labrándose en Afganistán, donde jóvenes intelectuales como Ahmed Shah Massud habían leído a clásicos islamistas como&lt;br /&gt;Sayyid Qutb. Rebelados contra su propio Gobierno comunista, pronto se lanzarían al combate contra las tropas del Ejército Rojo invasor. Algunos de ellos transformarían esa guerra en una yihad mundial mucho más amplia; entre ellos, un grupo de simpatizantes árabes afganos que formarían Al Qaeda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y el Papa? Josef Stalin ya había desechado las gestiones de la Santa Sede como factor político. “¿El Papa?”, cuentan que preguntó Stalin, despreciativo, al ministro francés de Exteriores. “¿Cuantas divisiones tiene?”. Cuan do Juan Pablo II hizo su épica visita a Polonia, en el verano de 1979, nadie fue lo suficientemente loco como para predecir que iba a inspirar la formación del sindicato independiente Solidaridad al año siguiente ni que iba a desencadenar una reanimación de la sociedad civil en toda Europa central y del Este que desembocaría en la caída del orden comunista menos de una década después. “Sin el Papa polaco, no habría habido revolución de Solidaridad en Polonia en 1980”, escribió posteriormente el historiador Timothy Garton Ash.&lt;br /&gt;“Sin Solidaridad, no ha bría habido el cambio radical de la política soviética respecto a Europa con Gorbachov; sin ese cambio, no habría habido revoluciones de terciopelo en 1989”.&lt;br /&gt;La clave del desafío espiritual del Papa a los soviéticos fue la no violencia. Durante su visita en junio de 1979, unos trece millones de polacos salieron a las calles y los campos del país para recibirle, en directo desafío a un Gobierno con apoyo soviético que siempre había considerado a la Iglesia católica como un factor irritante. “Nos dimos cuenta por primera vez de que nosotros éramos más numerosos que ellos”, recuerda Radoslaw Sikorski en sus memorias, Full Circle (Sikorski, adolescente anticomunista en aquel entonces, es hoy ministro de Exteriores de la Polonia democrática). Como consecuencia, aunque no se le atribuye todo el mérito que le corresponde, la religión siguió siendo un ingrediente importante en los levantamientos pacíficos de 10 años después. Los acontecimientos de 1979 nos dicen mucho sobre la naturaleza de la contrarrevolución, que es muy importante entender, porque quizá estemos viviendo hoy otra. Tal vez, el análisis fundamental es que, aunque los contrarrevolucionarios sean reaccionarios, no son meros conservadores. Los conservadores aspiran a volver al statu quo anterior. Los contrarrevolucionarios entienden que sus adversarios revolucionarios han cambiado las reglas del juego de manera fundamental y que la reacción debe tener eso en cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, los contrarrevolucionarios más astutos se apresuran a explotar los logros revolucionarios para sus propios fines. Deng comprendió que, al imponer la unidad estricta en un&lt;br /&gt;país antes lleno de fisuras, la dictadura del proletariado de China había creado las condiciones&lt;br /&gt;necesarias para una economía completamente burguesa e implacablemente capitalista. (¿No tenía que haber sido al revés?). El programa de modernización del sha arrastró a legiones de jóvenes educados y subempleados de los pueblos a los márgenes de las grandes ciudades, que fueron reclutados por el tradicionalista Jomeini. En cuanto a Thatcher, uno de sus rivales más elocuentes en su propio partido fue Ian Gilmour, que le reprochaba que no hubiera sabido ver que el verdadero conservadurismo consistía, sobre todo, en la adhesión al orden recibido: “El conservadurismo británico no es un ismo. No es... un sistema de ideas. No es una ideología ni una doctrina”. Thatcher, en cambio, encarnaba una paradoja contrarrevolucionaria clásica: quería el cambio, un cambio radical, para volver a la situación que existía antes. Thatcher cambió muchas cosas, por supuesto, como las otras grandes figuras de 1979. Sin embargo, hoy, 30 años después, volvemos a ver que hasta las ideas más atractivas tienen fecha de caducidad. Las contrarrevoluciones también acaban extinguiéndose y sucumbiendo de forma inevitable al estancamiento y la decadencia. El régimen iraní se parece cada vez más al que ellos quisieron&lt;br /&gt;destruir: corrupto, cínico, claramente distanciado del deseo popular de reforma y preocupado sobre todo por mantenerse en el poder. El socialismo con características chinas, el gran híbrido ideológico de economía liberal y represión política inventado por Deng, se esfuerza para solucionar o contener las demandas populares de aire y agua no contaminados, justicia, imperio de la ley y más libertades y oportunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La yihad suní iniciada en Afganistán hace 30 años sigue inmersa en un utopismo sangriento, que causa más víctimas entre los musulmanes que entre los infieles. El descrédito del capitalismo descontrolado por culpa de la Gran Recesión actual ha permitido ver que la contrarrevolución conservadora de Thatcher y Reagan ha envejecido, y sus seguidores están intelectualmente secos y políticamente marginados. Por eso, hoy la ideología se ha convertido en una categoría sospechosa en sí, e incluso el joven y esperanzado presidente de EE UU, Barack Obama, predica&lt;br /&gt;el cambio, al tiempo que rechaza las etiquetas y presume de ser un “pragmático”. Sin embargo, si hay algo que enseña el legado de 1979, es que la gente siempre está dispuesta a adoptar una visión seductora del futuro, sobre todo cuando se presenta como una cruzada moral frente a las fuerzas oscuras que conspiran contra el orden natural de las cosas. Hoy, como hace tres décadas, muchos expertos siguen hablando con el vocabulario de las batallas pasadas (“el regreso del socialismo”, “el triunfo de Keynes”), pese a que el futuro es, en el mejor de los casos, confuso. Las&lt;br /&gt;innumerables predicciones de condena o salvación no sirven de nada; lo único de lo que podemos estar seguros es de que nos sorprenderemos. Nuestra era moderna debe mucho a la Gran Reacción de 1979. Y nadie se la esperaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4739208920051964668-213179170100135821?l=pexterior.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pexterior.blogspot.com/feeds/213179170100135821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/08/la-gran-reaccion-de-1979.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/213179170100135821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/213179170100135821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/08/la-gran-reaccion-de-1979.html' title='La Gran Reaccion de 1979'/><author><name>Historia Militar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06755234108461435591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-4739208920051964668.post-962766713031279176</id><published>2009-08-16T10:55:00.000-07:00</published><updated>2009-09-18T19:34:31.965-07:00</updated><title type='text'>Las mentiras de Chavez</title><content type='html'>&lt;div class="titular_popup"&gt;             &lt;span id="lblTitulo"&gt;Las mentiras de Chávez&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;                    &lt;/div&gt;         &lt;img id="imgPpal" class="imagen_imprimir" src="http://www.semana.com/photos/%5C1424%5CImgArticulo_T1_64361_2009816_095213.jpg" style="border-width: 0px;"&gt;         &lt;span class="texto_antetiluto"&gt;&lt;span id="lblSeccion"&gt;Nación&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;         &lt;span class="antetitulo_articulo"&gt;&lt;span id="lblResumen"&gt;SEMANA revela la verdadera historia de los lanzacohetes vendidos por Suecia a Venezuela que terminaron en manos de las Farc.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;             &lt;span class="tit_comentario"&gt;&lt;span id="lblAutor"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;                          &lt;p class="texto_contenido"&gt;             &lt;span id="lblContenido"&gt;De Hugo Chávez se pueden decir muchas cosas, pero no se puede negar que es un genio de la comunicación y extraordinariamente carismático. En la cumbre de Unasur la semana pasada fue el protagonista. Su astucia, su calor humano y su chequera lo han convertido en el líder de la región. Antes de la llegada de Chávez al escenario los jefes de Estado se referían los unos a los otros como "señor Presidente". Hoy todos parecen una familia y las cumbres se han convertido en una reunión de primos que se llaman los unos a los otros por los nombres: Cristina, Rafael, Hugo, Evo. Muchos de los primos son de izquierda y los que no lo son le tienen tanto cariño al primo mayor, que le siguen la corriente o, por lo menos, no lo contradicen. La oveja negra de esa familia es Álvaro Uribe Vélez, que es un 'nerd', juicioso, sin sentido del humor y que en lugar de la frescura y el carisma tropical de los otros, es más serio y tiene una posición ideológica antagónica de la de sus primos revolucionarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sorprende de esta descripción es que la preeminencia de Chávez se haya podido mantener después de la revelación de hechos gravísimos que en épocas anteriores lo habrían convertido en la oveja negra. El 'comandante' es tan hábil, que ha logrado generar dudas sobre su complicidad con las Farc. Correa, Evo Morales y Daniel Ortega sin duda alguna le tienen simpatía y hasta solidaridad a esa organización guerrillera y no la consideran terrorista. Pero no tienen una complicidad tan evidente. Sus pecados pueden ser más por omisión que por acción, cosa que no ocurre en el caso de Chávez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su ofensiva mediática de la semana pasada, Chávez desplegó toda su brillantez como comunicador ante Vicky Dávila y posteriormente en La W radio y en El Tiempo. El objetivo principal de esas entrevistas era desvirtuar el tema de los lanzacohetes AT-4 que podían haber sido entregados por su gobierno a la guerrilla. Lo que es increíble es que casi todo lo que dijo sobre ese tema era falso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mentiras y cohetes&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Uno de los primeros argumentos de Chávez presentado el pasado 5 de mayo durante una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores era que los lanzacohetes encontrados en un campamento de las Farc el año pasado habían sido robados en 1995 por la guerrilla en ataque a una base de la infantería de marina venezolana en Cararabo, en el estado fronterizo de Apure. Sin embargo, tres días más tarde, durante la entrevista con Vicky Dávila, la periodista le hizo caer en la cuenta al mandatario de que el ataque al que se refería había sido efectuado por el ELN y no por las Farc. Chávez no pudo explicar por qué si quienes robaron los lanzacohetes eran guerrilleros del ELN, esos artefactos acabaron en poder de las Farc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro de los argumentos que no cuadran en las explicaciones de Chávez tiene que ver con el número de lanzacohetes perdidos. El Presidente venezolano mostró a la prensa un documento con la relación de las armas robadas durante el ataque de 1995, entre las cuales, según él, estaban cinco rockets robados por la guerrilla. Esa afirmación tampoco es verdad. En algunos medios de comunicación venezolanos varios ex militares, políticos y funcionarios judiciales que hicieron la investigación por el ataque a la base en 1995 coinciden en afirmar que en ese lugar no había lanzacohetes. Uno de ellos fue el vicealmirante retirado de la armada venezolana Carlos Ramos, quien en declaraciones al diario El Nacional, de Caracas, afirmó que "en ese destacamento no había AT-4. Los irregulares se llevaron fusiles y municiones, pero no más. En esa clase de puesto militar, un armamento de ese tipo no es útil". Lo mismo dijo el general venezolano Gonzalo García, quien fue uno de los primeros en llegar a la base atacada por el ELN hace 14 años: "Allí sólo se encontraron ametralladoras, fusiles y un lanzacohetes similar al AT-4 denominado Carl Gustav". Al quedar claro que fue el ELN y no las Farc las que realizaron el ataque, y que no había lanzacohetes en el lugar, la versión de Chávez queda desvirtuada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero estos no son los únicos argumentos que evidenciarían mentiras, ni los más comprometedores. Durante la rueda de prensa y en las diferentes entrevistas de Chávez en las últimas semanas, siempre afirmó que los lanzacohetes encontrados a las Farc eran unos artefactos obsoletos, inservibles y básicamente unos tubos viejos. Esto es otra falsedad. El 25 de septiembre del año pasado el ministro del Interior venezolano, Tareck El Aissami, convocó una rueda de prensa en Caracas en donde mostró un lanzacohetes AT-4, idéntico al encontrado a las Farc, con el cual supuestamente se iba a realizar un atentado contra el presidente Chávez. En ese momento, hace menos de un año, las autoridades venezolanas explicaron con lujo de detalles el gran poder destructivo y el alto peligro de ese tipo de lanzacohetes. Resulta curioso, por decir lo menos, que esos mismos rockets que fueron considerados por los propios venezolanos como muy efectivos cuando el supuesto atentado es contra Chávez, acaban siendo inservibles y chatarra cuando aparecen en manos de las Farc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además de esta contradicción del propio gobierno venezolano, desafía la lógica creer que una guerrilla experimentada como la de 'Tirofijo' y 'Jojoy' tenga a sus hombres cargando durante 14 años en la selva y al rayo del sol unos tubos inservibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los otros 'rockets'&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Pero esto no es lo más grave. Hasta ahora Chávez ha asegurado que son cinco los lanzacohetes supuestamente robados en la base fluvial de Cararabo. Pero la realidad es que la cifra de estos artefactos en poder de las Farc que hasta ahora se ha encontrado por las autoridades colombianas es de siete (ver fotos). Y lo peor es que, aunque Chávez afirma que son obsoletos, esos lanzacohetes ya han sido utilizados por las Farc en territorio colombiano. Y lo más increíble es que uno de estos fue disparado ni más ni menos que contra el avión del presidente Álvaro Uribe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto ocurrió el 21 de octubre de 2003, cuando guerrilleros de las Farc dispararon un rocket que cayó cerca de los hangares de la base militar de Catam en Bogotá, poco antes que aterrizara el avión con el presidente Uribe. La reacción de las autoridades impidió que un segundo artefacto fuera disparado desde una casa cerca de la pista, pero el lanzacohete fue incautado por las autoridades. Ese atentado fue registrado en su momento por los medios de comunicación, pero no se conoció inmediatamente el origen de las armas. Posteriormente, los números de serie de los artefactos decomisados fueron enviados a la Interpol y a la Agencia contra el Alcohol, Tabaco, Armas de fuego y Explosivos (ATF) de Estados Unidos para identificar su origen. Las investigaciones de las autoridades internacionales permitieron establecer que los que habían sido utilizados en el atentado contra Uribe eran AT-4 de fabricación sueca vendidos al Ejército de Venezuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mayo de ese mismo año, 2003, las autoridades ya habían incautado en una vereda del Guamo, Tolima, otros dos lanzacohetes que estaban en poder de la columna Teófilo Forero. Los números de serie de esos rockets también fueron enviados a autoridades internacionales y también resultaron ser AT-4 pertenecientes al mismo lote del atentado contra el avión presidencial. Ese lote es el mismo de los tres lanzacohetes que dieron origen al conflicto actual entre Colombia y Venezuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque en 2004 ya las autoridades colombianas sabían que esos primeros cuatro lanzacohetes habían sido vendidos por Suecia a Venezuela, en ese momento no había certeza sobre la forma como habían terminado en manos de las Farc, razón por la cual el gobierno nacional optó por guardar un prudente silencio. No obstante, en marzo del año pasado, después del bombardeo al campamento de 'Raúl Reyes', aparecieron comprometedores correos electrónicos hallados en su PC los cuales empezaron a dar preocupantes indicios sobre la entrega de armas por parte del gobierno de Chávez a la guerrilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las comunicaciones más comprometedoras es del 4 de enero de 2007. 'Iván Márquez' le envió un correo electrónico a 'Reyes' y otros miembros del Secretariado en el cual les da un reporte con varios puntos. "Como estaba previsto, el 3 de enero me reuní con los generales (Cliver) Alcalá y (Hugo) Carvajal (ambos generales venezolanos), hablamos de tres aspectos del plan estratégico: finanzas, armas y política de fronteras. Nos van a hacer llegar la próxima semana 20 bazucas de gran potencia, según ellos, de las cuales 10 serían para Timo (Timochenko) y 10 para acá. Alcalá sugirió que fuera una cantidad mayor". Pocos días después de esa comunicación, el 20 de enero de 2007, 'Márquez' envió un nuevo correo dirigido a 'Tirofijo' y al Secretariado. Allí les confirmó, entre otras cosas, que "los aparatos que hemos recibido con Timo son cohetes antitanque de 85 mm., dos tubos y 21 cargas. El amigo dice que tienen más de 1.000 cargas y que próximamente nos hará llegar otras más, así como algunos tubos". 'Márquez' afirma en su comunicación que los venezolanos "de nuevo plantearon la posibilidad de aprovechar las compras de armas de Venezuela a Rusia para incluir unos contenedores con destino a Farc. Sin asentir ni negar dijeron que no debería ser de la misma característica del material que están importando". En otras palabras, los generales de Chávez les ofrecieron a las Farc camuflar su armamento con el del gobierno venezolano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos, entre muchos otros correos, alertaron a las autoridades colombianas sobre la posibilidad de que al menos dos de los generales más cercanos a Chávez estuvieran entregando armas a las Farc. Las alarmas se dispararon en octubre del año pasado cuando el Ejército encontró los tres lanzacohetes en el campamento de las Farc, los cuales coinciden con las características de los descritos en los correos de 'Iván Márquez'. A mediados de este año, el gobierno de Suecia confirmó a Colombia que esos lanzacohetes habían sido vendidos al Ejército de Venezuela. Con esta verificación Colombia entregó en junio pasado al gobierno de Chávez la información y solicitó las explicaciones del caso. Lo mismo hizo el gobierno sueco sin obtener ninguna respuesta oficial por parte de Chávez, quien se ha limitado a dar entrevistas a medios de comunicación repletas de desinformación sobre el tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si todo lo anterior fuera poco, hace tres semanas el diario estadounidense The New York Times registró en un artículo publicado en la primera página cómo después de haber sido pillado en el computador de 'Reyes' entregándoles equipo militar a las Farc, el Presidente de Venezuela había seguido con la intención de armar a esa guerrilla. De acuerdo con lo revelado por ese diario, funcionarios de ese país "apoyaron en territorio venezolano a los miembros de la guerrilla en negociaciones de armas y les expidieron documentos de identidad para que se movieran de un sitio a otro".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice el Times que la información revelada proviene "de un material de computador incautado a los rebeldes hace algunos meses y que está siendo analizado por agencias de inteligencia occidentales". El prestigioso diario afirma que tuvo acceso a comunicaciones entre miembros del Secretariado, entre ellos un mensaje de 'Iván Márquez' en el que se "describe el plan de las Farc de comprar en Venezuela misiles tierra-aire, rifles para francotiradores, y radios".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El artículo de Times afirma que la negociación, tal como escribió 'Márquez', contaba con la ayuda del entonces director de la Policía de Inteligencia venezolana, el general Henry Rangel Silva. Otro alto funcionario venezolano que supo de la compra de armas que se pensaba llevar a cabo, según el diario, "cerca del Río Negro en el estado de Amazonas", era el ex ministro del Interior venezolano Ramón Rodríguez Chacín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es totalmente escandaloso que un ex ministro de Chávez, su jefe de inteligencia y dos de sus más cercanos generales estén comprometidos en el proyecto de armar a la guerrilla colombiana. Pero tal vez más desconcertante es que con un acervo probatorio de esa magnitud, se haya logrado confundir a la opinión internacional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es difícil establecer si Hugo Chávez es un cínico o un mitómano. Cínico es el que miente con tal convicción que no se le nota. Mitómano es que el que se cree sus propias mentiras. Sea cual sea el rasgo dominante de su personalidad, lo que es increíble es que los que están en el banquillo en este momento son Álvaro Uribe y Colombia.&lt;/span&gt;         &lt;/p&gt;         &lt;div align="center"&gt;&lt;span class="copy"&gt;Semana.com ©2008.&lt;br /&gt;    Todos los derechos reservados.&lt;/span&gt;   &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/4739208920051964668-962766713031279176?l=pexterior.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pexterior.blogspot.com/feeds/962766713031279176/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/08/las-mentiras-de-chavez.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/962766713031279176'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/4739208920051964668/posts/default/962766713031279176'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pexterior.blogspot.com/2009/08/las-mentiras-de-chavez.html' title='Las mentiras de Chavez'/><author><name>Historia Militar</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06755234108461435591</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
